Uclés: «La fama es mucho mejor que recoger aceituna»

Hay presentaciones de libros que funcionan como trámite promocional y otras que parecen, más bien, una extensión secreta de la propia obra. La de La ciudad de las luces muertas pertenece a esta segunda categoría: durante más de una hora, Uclés no se limitó a explicar su novela, sino que desplegó una poética completa sobre la memoria, la fama, el desarraigo y la necesidad -casi física- de escribir lejos. El punto de partida del libro nació en 2021, cuando el autor apenas conocía Barcelona y decidió mirarla como un corresponsal enviado a territorio desconocido. «Concibo el oficio del escritor como el del corresponsal de guerra, que te mandan a un territorio ignoto y tienes que hacerte con él e intentar defenderlo y compartirlo con los demás», explicó. Esa idea de conquista emocional atraviesa toda la novela: no se trata de describir una ciudad, sino de apropiarse de su respiración histórica. Una ciudad con capas visibles Durante la charla, Uclés habló de Barcelona como si fuera un corte geológico. «Es como si le pegas un tajo a la ciudad… se ven todas las capas que han conformado la ciudad y todavía hoy día se ven», dijo, enumerando rastros romanos, barrocos, modernistas y futuristas que conviven en el presente. Esa superposición temporal es, precisamente, el corazón narrativo de la novela. El recurso que permite activar esa mezcla es un apagón de 24 horas. La luz desaparece y, con ella, la linealidad del tiempo: reaparecen murallas, edificios perdidos y figuras culturales de distintas épocas. La historia comienza como «una fábula onírica» y termina acercándose a la ciencia ficción distópica, porque el futuro también invade la noche. La pregunta que sobrevuela el libro -y la conversación- es qué significa realmente la oscuridad. Para Uclés puede ser muchas cosas a la vez: «el turismo masivo y la gentrificación», «la muerte» o incluso «el fascismo». La ambigüedad no es un efecto estético, sino político: obliga al lector a decidir qué sombra reconoce como propia. Escribir contra el borrado Si algo quedó claro en la presentación es que La ciudad de las luces muertas no pretende solo contar una historia, sino rescatar una memoria. El propio autor lo formuló casi con sorpresa, como si descubriera la idea mientras hablaba: la novela es «un ejercicio total también de memoria… memoria literaria». La expresión resulta clave. Uclés no reconstruye únicamente la Barcelona física, sino la ciudad escrita por generaciones de autores. Su novela funciona como una reunión imposible de voces que ya no están, una resistencia simbólica frente al olvido cultural. En tiempos de consumo rápido, esa voluntad de archivo emocional suena deliberadamente contracorriente. También lo es la estructura coral. Aquí no hay héroe central: «La protagonista es Barcelona», resumió. La afirmación podría parecer retórica, pero en la novela se vuelve literal. Los personajes -muchos de ellos figuras históricas- funcionan como mediadores de una ciudad que piensa, recuerda y se transforma. Fama, distancia y supervivencia En pocos meses, Uclés ha pasado de la relativa invisibilidad a una exposición mediática…