admin 02/09/2017

EUROPA PRESS

  • La lluvia y el frío han obligado a suspender esta tarde en Teruel la tradicional procesión de los "cagones" como se conoce a este acto religioso muy popular en la ciudad y que tiene lugar desde el siglo XVIII.

Para evitar el recorrido por el mal tiempo se ha celebrado un acto religioso con entrega de medallas de los mártires franciscanos del siglo XIII copatronos de la ciudad.

Es una procesión que cada 29 de agosto parte del convento de los franciscanos pasa por la iglesia de la Merced, visita el lugar donde vivieron estos mártires y tras saludar a las monjas Clarisas de clausura recogen a las autoridades municipales y al obispo para regresar al punto de partida.

Esta procesión tiene lugar desde 1742 cuando una epidemia de infecciones intestinales provocó la muerte de muchos niños pequeños y las madres se encomendaron en un día como hoy a los santos mártires franciscanos que tradicionalmente eran protectores de los más pequeños.

RITO

Los mártires franciscanos, copatronos de la ciudad, son Juan de Perugia y Pedro de Saxoferrato quienes llegaron a Teruel, entonces frontera con el mundo musulmán, desde Italia en 1220 y fundaron junto al río Turia una de las primeras comunidades franciscanas de la península Ibérica.

Tras pasar varios años en la ciudad marcharon al reino moro de Valencia para cristianizarla hasta que finalmente consiguieron su objetivo, el martirio; en 1228 el rey moro Zeit Abu Zeit ordenó decapitarles y sus restos reposan en el templo de San Francisco, donde habita una pequeña comunidad y en cuyo claustro se conserva el pozo que abrieron para tener agua en su huerto.

La procesión la encabezan los músicos, tambores, les sigue la peana con la imagen de los mártires y detrás curas y los franciscanos seguidos de carros de bebés, niños en brazos e incluso alguno andando con madres, abuelas y algunos padres.

Tras la procesión se oficia una misa y se entrega a cada niño bautizado en el último año una medalla de los mártires para finalizar la tarde con una merienda a los asistentes, la de los niños con chocolate.

TRADICIÓN

Una costumbre que todavía se mantiene desde el siglo XVIII pero que en realidad es una interpretación de los conflictos de interés económico entre el poder eclesiástico y el civil.

Los franciscanos, orden mendicante de origen medieval, estaban enfrentados a principios del siglo XVIII con el Ayuntamiento porque éste no pagaba los intereses de los préstamos que les había tomado.Ante esta situación los franciscanos amenazan al Ayuntamiento con salir a pedir limosna, lo que tenían prohibido para que la captación de recursos económicos se centrara en el clero secular, el capítulo de racioneros de las parroquias.

Además los franciscanos siempre habían sido favorables a los sectores tradicionales, que apoyaron a los austracistas frente a los borbónicos de Felipe V.

Vistos por la élites como anticuados, los franciscanos querían preservar sus privilegios frente a los Jesuitas, que ya habían llegado a la ciudad apoyados además por el obispo, Pérez Prado, que a su vez buscaba su fracción en el reparto de poder a lo que le ayudo ser al mismo tiempo Inquisidor General.

Una pequeña epidemia sin apenas impacto fue aprovechada por los franciscanos para postularse como protectores de los más pequeños y tener su parte del pastel de las limosnas.

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