admin 09/06/2015

EUROPA PRESS

La exposición, que se abrió al público en Zaragoza, se podrá ver hasta el 21 de junio en la Casa de Vacas de Madrid

La exposición de Obra Social de Ibercaja ‘Isabel Guerra 2015. Pintura, dibujo y fotografía’ ha recibido más de 30.000 visitantes en el Centro Cultural Casa de Vacas del Parque del Retiro de Madrid.

La monja pintora no exponía en la capital española desde el año 2005 y desde el año 2000 no lo hacía en Zaragoza. Esta exposición, que se abrió al público anteriormente en Zaragoza y alcanzó los 40.000 visitantes, llegó a Madrid el pasado sábado 30 de mayo.

La muestra incluye 121 piezas, todas nuevas, en su mayor parte realizadas del año 2013 al 2015. Se compone de pinturas al óleo, paisajes de pueblos aragoneses, dibujos, fotografías, serigrafías y una recreación de la historia de la fotografía.

En esta ocasión la pintora descubre su faceta más innovadora como artista a través de sus fotografías texturizadas, que protagonizan una parte del recorrido de la sala que, junto al tratamiento de la luz para conseguir el efecto deseado y el reflejo de la realidad en sus obras, que va más allá del hiperrealismo, son las principales señas de identidad de esta cita.

La exposición, que cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Madrid, podrá visitarse hasta el próximo 21 de junio de 2015, de lunes a domingo y de 10.00 a 21.00 horas, con entrada libre.

Isabel Guerra se ha convertido en un referente del hiperrealismo español, aunque ella nunca quiso que la encuadraran en este movimiento que, coincidiendo con su pintura, se proponía recrear la realidad en el lienzo con más fidelidad que la fotografía.

Su obra está inspirada en un estilo personal y espontáneo en el que todo lo domina la luz que irrumpe desde el interior de los objetos. Cabe añadir que Isabel Guerra cuida mucho las texturas de la luz para conseguir los efectos deseados en sus creaciones.

La exposición está dividida en cuatro ámbitos que, por orden de recorrido en la sala, exhiben 32 pinturas al óleo, 6 dibujos de gran formato, 24 paisajes de pueblos aragoneses, 18 fotografías de la serie Miradas, 10 serigrafías y, por último, 31 imágenes, que incluyen daguerrotipos, en los que se recrea la historia de la fotografía.

Como se trata de su obra más reciente ofrece la visión más actual y moderna de Isabel Guerra, a la que llega a través del academicismo que la hace investigar en las nuevas tecnologías. Todo ello fruto de un proceso iniciado el año 1965, cuando empezó trabajar con la fotografía, y que en los 90 le llevó al estudio y experimentación de los soportes tecnológicos.

Construyendo la luz

El primer ámbito de la exposición, en el que se exhiben los óleos clásicos de la artista, el color y la luz son los protagonistas. La temática de la obra es variada y se compone de retratos, bodegones y naturalezas muertas.

En la obra de Isabel Guerra destaca el conjunto de dibujos en los que ofrece una versión del ser humano. Apuesta por personas, fundamentalmente mujeres, que no juegan con las posibilidades de la mirada directa hacia el espectador, más bien se presentan sugiriendo la necesidad de recuperar el paisaje interior.

Técnicamente estos dibujos, realizados con grafito o carboncillo, destacan por la facilidad de la artista para crear volumen y por la delicadeza en la ejecución de los detalles que consiguen dotarlos de vida.

La exposición presenta también una serie de obras, en las que los protagonistas son los pueblos de Aragón, se trata de 24 paisajes creados a partir de las más novedosas apuestas tecnológicas.

Una nueva época

Isabel Guerra, desde los primeros momentos de su carrera artística, mostró un enorme interés por la fotografía al modo que lo hacían todos los grandes pintores del realismo americano, cuando se plantean reproducir la realidad con más exactitud que la fotografía.

La artista ha conseguido que la fotografía inicial se convierta en creación artística, pensada y construida. Un proceso que realiza con ayuda de los avances de las nuevas tecnologías que le permiten manipular las imágenes pensadas y captadas por su propia cámara.

Dentro de este apartado destaca una de sus obras más recientes, su autorretrato. Originalmente pintado al óleo durante su primera etapa creativa y actualmente desaparecido. Está creado a partir de una fotografía que Guerra conservaba de la pintura, que ha texturizado como un lienzo, dotándolo de una gran carga sentimental ya que la propia autora emerge de la pared en una imagen que se está deconstruyendo.

Fotografías texturadas

El último ámbito de la muestra se centra en la investigación que la artista ha realizado en el campo de la fotografía. Reúne seis series de «fotografías texturadas» con las que recrea la historia de la fotografía.

Son series de piezas únicas en las que presenta obras suyas versionadas en cada una de las técnicas fotográficas que han ido apareciendo a lo largo de la historia: daguerrotipo de 1850, ferrotipo de 1870, producciones de 1900, para concluir con imágenes impresas a 8 colores, sobre papeles de calidad, que como todas sus piezas están incluso impresas por Isabel Guerra.

AUTODIDACTA

Isabel Guerra (Madrid, 1947) desarrolló su talento artístico de forma personal y autodidacta. Le gustaba frecuentar el Museo del Prado donde descubrió a los grandes genios de la Historia del Arte, especialmente a Velázquez. A la temprana edad de quince años realizó su primera exposición en Madrid.

El 12 de noviembre de 1970, a los veintitrés años, ingresó en el Monasterio Cisterciense de Santa Lucía en Zaragoza. Es miembro honorífico de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis y correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

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